
Estoy consciente de lo que significa mi nombramiento, su valor, la responsabilidad que implica y los sacrificios que representa, y los asumo convencida de que nada engrandece tanto la voluntad y la energía de una persona como el deseo de hacerse digno de la misión que se le ha confiado.
Por eso he aceptado el cargo con humildad, pero también con la audacia necesaria para cumplir con un deber que nadie me impuso, que yo escogí libremente, sin presiones, sintiéndome capaz de encabezar un proyecto de consolidación institucional y de ajustes de la estructura universitaria para detonar nuestro potencial y responder exitosamente a las nuevas realidades que nos plantea el entorno.
Mi compromiso es una propuesta diversa, incluyente, respetuosa y participativa. Cuando decidí contender por la Rectoría, lo hice inspirada por el entusiasmo quienes confiaron en que podía conciliar una propuesta de trabajo que diera cabida a la diversidad de lo que somos y hacemos como institución. Y hoy estamos aquí para tender puentes y fortalecer la colaboración entre los individuos, los colectivos, las instituciones y las entidades locales y extranjeras.
Hoy es también la ocasión idónea para estrechar lazos con quienes son búhos de corazón y mantienen su compromiso con nuestra alma mater, con quienes queremos a la Universidad de Sonora con el corazón y queremos lo mejor para ella, en beneficio de las y los estudiantes sonorenses, así como de todos los actores de la vida institucional (académicas y académicos, trabajadoras y trabajadores de confianza, manuales y de servicio). Por eso, los invito a que trabajemos juntos, a que dejemos atrás diferencias para buscar las convergencias y establezcamos un mismo objetivo: fortalecer a nuestra alma mater, para que siga siendo el mayor patrimonio cultural, científico, social y artístico de la entidad.
El alma mater de los sonorenses hoy, en la zozobra de una larga contingencia sanitaria, vive momentos decisivos para el futuro inmediato, una etapa que exige cambios en el quehacer y la organización institucional que no debemos postergar. Sé muy bien que afrontar este reto exige una carga de responsabilidad extraordinaria que todos debemos estar dispuestos a asumir. Por mi parte, lo acepto cabalmente como sonorense, como universitaria y les invito a sumar nuestros esfuerzos para estar, como siempre lo hemos hecho, a la altura de las circunstancias históricas.
Renovar y dar continuidad a los trabajos que han hecho de nuestra alma mater una institución de prestigio es parte fundamental de esta visión, por ello el Plan de Desarrollo Institucional que me propongo construir, se nutrirá del consenso con los actores de la vida universitaria, para estar en condiciones de sostener el trayecto que hasta ahora lleva nuestra casa de estudios y de esta manera mantener la ruta de crecimiento de la universidad en los próximos años.
La tarea es ardua, para construir la universidad sustentada en esa visión de futuro se requiere de la participación de todos los sectores de la institución a través de una política incluyente, en donde la diversidad de pensamiento que nos define como comunidad sea el sustento de decisiones consensuadas y legitimadas en los espacios de gobernabilidad. Confío en que podamos prestar más atención a lo que nos une que a lo que nos separa, para ello ofrezco trabajo, esfuerzo y una fe inquebrantable en el vigor de nuestra universidad.
Llego con todas mis limitaciones como ser humano, pero dispuesta a entregar lo que soy y lo que he sido, lo que formó y conformó mi vida hasta hoy. Todo eso, que es poco frente a la noble institución que nos da vida y sentido, es lo que pongo al servicio de la Universidad, mirando de frente, hablando claro y con la certeza de que con el esfuerzo colectivo de todos los y las universitarias, nuestro lema “El saber de mis hijos hará mi grandeza” continuará siendo la luz que todo lo ilumina.
Muchas gracias.
María Rita Plancarte Martínez, 16 de junio de 2021
Teatro Emiliana de Zubeldía. Hermosillo, Sonora, México